Un día como otros tantos y; tranquilo monótono y solitario. Sin más cambios que el de perder el autobús o el de llegar tarde al trabajo. Cualquier persona diría que no es vida pero después de la mala suerte que había tenido era lo mejor a lo que había llegado.
Su piso no tenía muebles y solo tenía una nevera, una cama con un colchón viejo y un sillón viejo de color marrón, que disimulaban las manchas. Cada día se sentaba en su sucio y roto sillón en el que se quedaba mirando a traves de su pequeña ventana. Una ventana, que al igual que su pequeño piso de sesenta metros cuadrados, estaba sucia; se llegaba a ver como una pequeña grieta la atravesaba hasta la mitad del vidrio,por el que entraba una fría corriente de aire. Entonces lo decidió, pensó cómo lo haría. Cogió una cuerda y empezó a hacer un nudo corredizo que más tarde lo colgó del gancho del saco de boxeo. Se subió a una silla y cuando iba a acabar con toda esa desesperación recordó aquellos momentos por los que se merecía vivir y pensó:
"Quizás no todo este perdido."
Su piso no tenía muebles y solo tenía una nevera, una cama con un colchón viejo y un sillón viejo de color marrón, que disimulaban las manchas. Cada día se sentaba en su sucio y roto sillón en el que se quedaba mirando a traves de su pequeña ventana. Una ventana, que al igual que su pequeño piso de sesenta metros cuadrados, estaba sucia; se llegaba a ver como una pequeña grieta la atravesaba hasta la mitad del vidrio,por el que entraba una fría corriente de aire. Entonces lo decidió, pensó cómo lo haría. Cogió una cuerda y empezó a hacer un nudo corredizo que más tarde lo colgó del gancho del saco de boxeo. Se subió a una silla y cuando iba a acabar con toda esa desesperación recordó aquellos momentos por los que se merecía vivir y pensó:
"Quizás no todo este perdido."
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