CONTENIDO DE MI BLOG:

En este blog publicaré algunos relatos cortos que he escrito, poco a poco los voy subiendo y pienso que tendre muchos dentro de poco. Comentar los relatos, contadme lo que os gusta y que no. Sobre todo espero que os guste.

martes, 12 de junio de 2012

OTRA VEZ

Un día como otros tantos y; tranquilo monótono y solitario. Sin más cambios que el de perder el autobús o el de llegar tarde al trabajo. Cualquier persona diría que no es vida pero después de la mala suerte que había tenido era lo mejor a lo que había llegado.
Su piso no tenía muebles y solo tenía una nevera, una cama con un colchón viejo y un sillón viejo de color marrón, que disimulaban las manchas. Cada día se sentaba en su sucio y roto sillón en el que se quedaba mirando a traves de su pequeña ventana. Una ventana, que al igual que su pequeño piso de sesenta metros cuadrados, estaba sucia; se llegaba a ver como una pequeña grieta la atravesaba hasta la mitad del vidrio,por el que entraba una fría corriente de aire. Entonces lo decidió, pensó cómo lo haría. Cogió una cuerda y empezó a hacer un nudo corredizo que más tarde lo colgó del gancho del saco de boxeo. Se subió a una silla y cuando iba a acabar con toda esa desesperación recordó aquellos momentos por los que se merecía vivir y pensó:
"Quizás no todo este perdido."

sábado, 31 de diciembre de 2011

LEYENDA DE LA FLOR

Hay flores de decoración, flores de curación, flores venenosas... pero hay una que desde hace siglos caballeros, aventureros y científicos intentaron buscarla y poseerla.
La flor, la única según cuentan, daba la inmortalidad probando uno de sus petalos.
Esa flor de petalos azules brillantes y de espinas rojas mortíferas, había sido codiciada por todos los grandes hombres de la historia.
La leyenda dice que se encuentra en el fondo de un volcán inactivo, en una cueva que la lava no inundaba, que respetaba el fuego, y que ese gran calor, hacía más bonita esa flor. La flor era custodiada por criaturas que no veían, pero, poseían un fino olfato y oído. Era el bien más preciado que poseían, era un objeto sagrado que guardaban recelósamente.
Se dice, que un día un hombre, consiguió llegar hasta las criaturas, sospecharon que había robado la flor, y mas tarde apareció, horriblemente torturado y muerto.
Fué el primero que tuvo conciencia del gran poder de la flor, pero no el único. Pues se decía que algún otro llego a contemplarla. Otro que consiguió coger un libro, en el que se describían todas las cualidades y secretos de la flor. Lo tradujo, lo memorizó y lo destrulló, para que nadie pudiera encontrarla y utilizarla para el mal. Era un secreto muy peligroso.
Una noche, en una taberna, ese hombre estaba muy borracho y empezó a contar todo lo que había descubierto. Así, pasó de voca en voca, de generación en generación y la leyenda aún sigue viva sin nunca desaparecer.

viernes, 26 de agosto de 2011

¿ANGELES O DEMONIOS?

En la guerra todo es sufrimiento y dolor no es algo divertido ni algo que quieras recordar. Tenía dieciocho años y andaba hacia mi casa cuando vi que eran casi las diez. Faltaba poco para el toque de queda, corrí hacia mi casa intentando llegar lo antes posible, pero,  sonó la sirena del toque de queda. Los coches patrulla se estaban movilizando, lo único que se me ocurrió fue ir por las sombras, escondiéndome. Lo que conseguí fue atrasarme más y no llegar a mi casa, no pude llegar, tenía un jeep militar pisándome los talones. Entonces me enfocaron con un foco cegador y gritaron:
– ¡Cogedle que no escape!
Empecé a correr, pues no quería que me cogieran, no pude huir.
– Atadle las manos y metedle junto a los demás -dijo uno de ellos apuntándome con un subfusil.
Me ataron las manos a la espalda y me metieron el jeep a empujones. Habían cogido a cuatro personas más aparte de mí.
Mientras ponían en marcha el jeep el teniente nos miro y dijo a los otros dos soldados:
– Pongamos rumbo “al sitio”.
Cumplieron la orden y dieron media vuelta. Yo ya sabía dónde nos llevaban, nos iban a fusilar. Empecé en pensar en mi familia, mi madre había muerto a causa de la metralla de una granada  que habían tirado por la ventana, mi padre el único que me quedaba me daba igual que muriese porque me daba tremendas palizas, lo odiaba, solo vivía con el porque no tenía otro lugar, pero el que iba a morir era yo. Llegamos a una casa rodeada por un bosque que utilizaban como cuartel, nos paramos y nos dirigieron a la parte trasera de la casa, mientras pasábamos por un lado de la casa vi cuerpos de personas amontonadas sobre una fosa y los bordes del camino; era una escena horrible habían moscas al alrededor de los cuerpos y el hedor era insoportable,  nunca se me quitó esa imagen. Nos pusieron de cara mirando a cinco soldados, entonces se llevaron los fusiles al hombro.
– ¡Apunten! –dijo el teniente.
Pero cuando se disponía a dar la orden de disparar, como un regalo caído del cielo, unos soldados del otro bando empezaron un tiroteo contra el teniente y sus hombres, dejándonos a mí y a los otros reos un margen de tiempo para escapar. Corrí con todas mis fuerzas hacia el bosque cercano y me interné en la negrura, hacia la zona más profunda del bosque, para que no me encontrasen los soldados enemigos y me abatiesen.
Me senté en un tronco caído  para descansar y tomar aliento. Entonces noté el hambre, tenía que conseguir algo de comida. Empecé a buscar algo de comer, pero no encontré nada. ¡¿Es que, en este maldito bosque no había ni plantas ni animales comestibles?! , por lo menos tendría que haber algún riachuelo. Nada de agua ni de comida, tendría que salir a campo abierto otra vez, o moriría en medio de la nada. Empecé a  andar en busca de alguna salida pero no lo conseguía, entonces me acordé de una cosa que me decía mi abuelo de pequeño.
       En mi juventud me subía a los arboles más altos y veía todo el paisaje del alrededor. –Entonces se me ocurrió.
Me fui a una pequeña explanada donde había un gran árbol y empecé a subirme a un gran árbol, y en una de las ramas en el que me apoyé se rompió y empecé a caer hacia el suelo. Cuando toqué suelo se me nubló la vista y desapareció todo.
Cuando me desperté lo primero que vi fue un techo de cemento, estaba en una especie de enfermería, entonces se acercó un médico.
– ¿Estás bien?–Me dijo.
– ¡Hey! ¡Se ha despertado ya!–Dijo a otros médicos que estaban tomando apuntes.
Se acercaron y empezaron a hacerme preguntas.
       ¿Cómo te llamas? ¿Cuántos años tienes?
       Ehhh... me llamo Max tengo dieciocho años, pero quienes…
       ¿De dónde eres?
       De Madrid, que lugar es…
       ¿Qué hacías cerca de nuestro bunker?
¿Pero quiénes eran?  ¿Qué lugar era? Tenía tantas preguntas y nadie me prestaba atención. Me levanté y me fui corriendo dando un empujón a uno de los médicos.
       ¡Se escapa! ¡Cogedle, puede estar infectado!–Dijo el médico al que empuje, y corrió a trompicones hacia un botón rojo y lo pulsó.
Era la alarma, oí pasos y gritos  a mi espalda.
       ¡Usar dardos tranquilizantes no sabemos si es amigo o enemigo pero sobretodo no le hiráis puede tener información valiosa!
Oí armas cargándose y justo cuando me entré en una grande zona subterránea llena de tanques blindados, aviones de bombardeo y una zona de agua con submarinos vi un dardo chocando contra la esquina del arco que acababa de atravesar. Corrí hacia lo que parecía una salida pero en medio del camino había una horda de soldados con armas preparados para dispararme, de nuevo me empezaron a disparar pero me dio tiempo te agacharme detrás de un tanque. Iba a salir de nuevo a correr pero noté un pinchazo en la espalda, me habían dado. Todavía sentía fuerzas para seguir y no me rendiría tan fácilmente, eché a correr. Tenía más dificultad en reaccionar y me dieron otros tres dardos, no pude mas, empezó a dar vueltas las cosas hasta que desapareció todo.
Me desperté en el mismo lugar de antes solo que ahora estaba sentado y atado por correas de cuero, y estaba rodeado de soldados.
       ¿Por qué estabas cerca de nuestra base?, ¿de dónde has salido?–me preguntó un soldado que parecía tener más rango que otros.
Estaba arto de los interrogatorios, o era cooperar o seguir siempre con los interrogatorios.
       Por accidente. Yo no soy de esta zona y no sé por qué me retenéis.
       Tenemos que hacerte algunas pruebas. No sabemos lo que puedes haber tocado.
       ¿Después me dejareis marchar?
       Bueno, tal vez….
Después de todo no tenía a donde ir.
Deje que condujeran a otra habitación. Estaba llena de aparatos extraños, miles de interruptores, luces parpadeantes, y tubos saliendo de todos los sitios inimaginables.
Los que estaban en esa habitación, estaban todos protegidos de la cabeza a los pies con unos trajes como impermeables, con unas mascarillas que les cubrían casi todo el rostro, y unas gafas de un color extraño.
No entendía por qué tanta precaución. ¿Solo por mí?
Empezaron las pruebas. Me buscaron las venas en el antebrazo, y con una jeringa que a mí me pareció enorme me  sacaron sangre, mucha sangre.
Parecía que no iban a terminar nunca.
Cuando ya parecía que  no lo podría soportar más, me dijeron que ya tenían todos los datos que necesitaban. Que parecía que controlaba bien el virus.
       ¡¿Qué VIRUS…?! Dije casi chillando.

Se miraron entre ellos, estaban alrededor de mi camilla. Note un ligero retroceso, como si mi reacción les hubiera puesto a la defensiva.
       Vamos a ponerle en observación.
Hablaban como si yo no estuviera allí. Empecé a asustarme de verdad. No comprendía cómo había llegado a esta situación. ¿Pero  que pasaba? ¿Qué virus? ¿Qué me estaba pasando?
Vinieron otros hombres, también completamente cubiertos. Me llevaron a una habitación con paredes blancas, con una mesa en el medio, una cama sencilla en un lateral, y un retrete anclado a la pared, en una esquina.  Una de las paredes, a la altura de los ojos, un largo espejo.
Antes de cerrar la puerta, la misma voz que me dijo que tenía el virus, me dijo que tendría que estar en observación. Y cerraron la puerta, dejándome demasiado conmocionado como para oponer resistencia.
Permanecí allí plantado, no sé el tiempo, no lograba hacer que mi cerebro reaccionase. ¿Cómo había llegado a ese sitio? ¿Cómo que tenía un virus? ¿Quién era yo? No sabía nada. No recordaba nada. Solo pequeños episodios de mi vida, que no explicaban porque me encontraba en esta situación.
Sonó la cerradura, alguien entró. Yo lo seguía como en un sueño. Me volví para enfrentarme a otro hombre, este tenía pinta de médico,  iba vestido como tal. No llevaba la cara cubierta. Tal vez ya se había terminado la cuarentena. Tal vez me dejaran marchar.
El médico me hablo.
       Vamos a tenerte en observación. Tienes el virus. Pero no sabemos como tú estás vivo. Cómo reacciona tú organismo, y como has llegado tan lejos.
Empecé a reaccionar. Esto ya tenía algo de sentido.
Siguió hablando.
       Sabemos cómo actúa el virus en  los humanos. Y no sabemos por qué tú no eres igual.
Empezaré desde el principio. Un año después de empezar la guerra, decidimos bombardear la zona donde empezó el conflicto. Utilizamos bombas biológicas. Contenían un virus que desaparecía a las horas de ser lanzado. Pero si lo inhalabas antes de que se desactivara su carga nociva, te detenía el corazón.
Pero nadie pensó que el virus mutaría. Cuando era inhalado por los soldados, primero parecía que morían. Pero luego revivían, con sus heridas mortales, contra toda lógica, y empezaron a propagar el virus, porque su organismo ya no era el mismo, ellos no eran los mismos.
Intentamos pararlo, pero ya no se podía controlar. Solo se podía deshacerse de todo el que pareciera infectado. Poblaciones enteras, civiles, mujeres, niños, ancianos.
Yo no salía de mi asombro, cada vez lo entendía más. Este médico me estaba haciendo participe de un gran secreto, un secreto brutal.
Todavía no tenía claro que era tan peligroso de este virus mutado, pues como había dicho el médico, ya no mataba, sino que los revivía, ¿Dónde estaba el problema?
Se lo pregunté. Y me contestó:
       La mutación del virus ya no mataba, pero hace que se produzcan cambios en el cuerpo de la persona infectada. Por eso nos extraño, pues tú lo tienes, y todavía no los has sufrido.
       ¿Qué cambios son esos?
       Les sale dos protuberancias en la espalda, con el tiempo se convierten en alas, alas negras, después la piel se les ennegrece, se seca, hasta parecer cuero viejo, y sus ojos, sus ojos se vuelven de color amarillo, con una expresión que aterroriza solo con mirarlos.
       ¿Eso me va a pasar a mí?
       No estamos seguros, parece que tú organismo lo está controlando. Tú cuerpo lo sintetiza de otra manera. ¿Quizá estemos ante la solución a esta tragedia?
       ¿Qué me pasara?
       No lo sabemos. Ahora metete dentro de tú habitación. Tranquilo, te trataremos bien. Tal vez sea una señal y nos has traído la salvación.
Era curioso, ya no corría peligro de que me mataran fusilándome, pero en cambio, la incertidumbre de ser el  portador de la solución no me hacia estar más tranquilo. Sabía que si habían sido capaces de crear un virus como ese, y soltarlo por el mundo, los que lo crearon no se detendrían ante nada. Si no, la humanidad estaría perdida.
Solo tengo miedo de una cosa, ¿los cambios que noto será la solución o la perdición?

miércoles, 24 de agosto de 2011

EL COLEGIO

Temo hace días lo inevitable, hacerme la escuela.
Dicen que duele, que sufres. Ese día llegó el 10 de Octubre de 4.234.
Diez años después de nacer, como de costumbre, voy por teletransportación conectado a la red mundial.
Me teletransporté al edificio y guarde la fila. Me tocó a mí, me llamaron por mí nombre. Me senté en la silla de escolarización y noté como empezaba.
Primero sentí una fría aguja por la nuca, después, un rayo laser que atravesaba mí cabeza. Comenzó el dolor.
Empecé a comprender, a asimilar las distintas materias.
Terminó todo y notaba que mí cerebro había recogido mucha información.
A partir de ahí, fui igual que todos, con los mismos pensamientos.
La gente de este mundo solo es si misma hasta los diez años, después de esa edad, te meten todo lo que quieren que hagas, y los recuerdos van desapareciendo, no tenemos personalidad.
Mi abuela me contaba, que hace muchos años, la gente iba andando a las escuelas, que eran unos edificios grandes donde se juntaban muchos niños, y jugaban juntos. Que habían unas cosas llamadas libros, que los niños leían si querían. Que habían gente para enseñar.
Parecía un mundo feliz.Parecía un mundo feliz.

martes, 23 de agosto de 2011

GOMITS

Hace mucho tiempo, en el lugar mas escondido de la tierra, vivían los  Gomits. Eran criaturas con un oscuro corazón, se podría decir que no tenían.
No comían, ni bebían. Se alimentaban  del miedo, y finalmente, cuando ya estaban muertos, de su alma.
Tenían pintas horrorosas. Según decían quienes los habían visto y habían tenido la suerte de sobrevivir, eran unos seres con unas orejas puntiagudas, un morro alargado como los de un lobo, grandes y afilados dientes, de un color amarillo sucio y de una peste tal, que ya sabias que estaban cerca, por el olor que notabas. Tenían el cuerpo sin un solo pelo, por lo menos, nadie se los había visto, pues estaban cubiertos por una larga toga negra, que les llegaba hasta los pies, se tapaban los ojos, pequeños, de un tono rojizo,   y que parecían endiablados, con una amplia capucha. Solo les sobresalía un poco el largo morro.
Estas criaturas, aparecían por la noche para infundir un gran terror.
Vivian por el centro de África, por una zona en la que ahora hay un gran desierto, y que antes había extensas y pobladas selvas, en la que moraban un gran número de animales.
Estos seres Vivian en el centro de ese bosque, se hacían casas con los huesos de  los humanos que morían de miedo.
Cuando agarraban  a uno, le ataban una cuerda a los pies, y lo colgaban de los árboles, hasta que ellos solos se morían de miedo, dando un panorama aún más escalofriante.
Un día, todos los pueblos de alrededor convocaron una gran reunión, decidieron que no querían tener como vecinos a gente tan rara, aunque a ellos nunca les habían hecho nada. Y propusieron atacarles a la vez, pues también les tenían miedo.
No consiguieron casi nada, lo único que lograron fue que los Gomits se multiplicaran para atacarles, pero descubrieron que el fuego era lo único que les dañaba. Por eso, en un último intento, quemaron el bosque.
El fuego se pasaba de un árbol a otro, tan deprisa que no daba tiempo de pensar. Hasta que se descontrolo. Cuando por fin pudieron dominarlo, no había bosque.
Con el paso del tiempo, la tierra se quebró, y un gran desierto se formó. Y donde cada Gomits murió, una rosa del desierto se forma. Eso es su corazón quemado y seco, convertido en piedra.
Los pueblos vecinos comprendieron, que nunca habían intentado comprender a esas criaturas tan feas, y que su forma de actuar solo se debía a su intento de proteger el bosque, al que ahora tanto echaban de menos. Por eso, cuando se encuentra una rosa del desierto es tan apreciada y valiosa, como el recuerdo de esa gran batalla.

lunes, 22 de agosto de 2011

LOS AÑOS

Ya habían pasado ochenta años, estaba en una pequeñita habitación de una pequeña residencia de las afueras de Madrid. Vivía en una habitación  de paredes agrietadas y de un color rojo granate desgastado por los años, y un cuarto de baño con un váter y una duchita. Desde luego no le gustaba donde vivía pero había hecho amistades por la residencia. Un día le dijeron que tenía alzhéimer y desde aquel día intento retrasarlo haciendo los ejercicios que le mandaban los médicos, no quería olvidarse de lo único que le hacía feliz, su hijo. Su hijo de cuarenta años le visitaba cada fin de semana y le explicaba a su padre todo lo que hacía durante la semana. Para el viejo y solitario padre era como un día de mucho sol, que le rejuvenecía y le recordaban los tiempos cuando era joven, cuando todavía vivía su mujer. Un día vino un señor que decía ser su hijo, y el padre, desconcertado le rechazo diciendo que era mentira, el señor se asombró y se echo a llorar, le dio un beso y se fue. Al  los tres días mientras dormía se le paró el corazón y lo único que pudo hacer es, reunirse con su mujer.

sábado, 20 de agosto de 2011

LA CARRETERA

Iba por esa carretera solitaria, hacia esa parte del país en donde, se rumoreaba, que ocurrían sucesos a los que la gente no encontraba explicación. No estaría en esa situación, si mi tía abuela Petra no me hubiera obligado a ir a buscar un sillón al que tenía mucho cariño y que estaba cerca del valle, en pleno campo. A mí, nunca me ha gustado el campo.Estaba anocheciendo y con la falta de luz empezaban a formarse unos bancos  de niebla que me obligaban ir más despacio.
De repente, entré en un espacio en el que la niebla parecía una gran masa de espuma espesa.
Paré el coche, pero no me decidía a bajar, y en eso, escuché unos pasos que se acercaban, me quedé paralizado, y cuando estuve lo bastante cerca del protagonista de los pasos vislumbré la figura de un hombre; perdí la cabeza y me desmayé, así estuve unos diez minutos.
Cuando recuperé la conciencia, vi que estaba frente a la casa de mi tía abuela Petra y el hombre que había visto era mi bisabuelo George de más de cien años, al que a lo largo de su vida le habían ocurrido muchas aventuras, pero esta será otra historia.

viernes, 19 de agosto de 2011

UNA HISTORIA DISTINTA..

Aquel científico necesitaba saber que sucedería si en la máquina del tiempo retrocedía al momento en que sus padres estaban por conocerse e impedía la relación.
La primera vez que empecé a hacer la maquina era como una fantasía hecha realidad, que poco a poco iba cumpliéndose cada vez que encajaba un engranaje o un elemento crucial para que funcionase.
Decidí poner la fecha en la maquina, que cabía en un bolsillo, era como un reloj de bolsillo pero un poco más grande.
Cuando le di al botón para viajar, todos los colores que componían la habitación en la que estaba giraron en un torbellino y empecé a flotar como si estuviera en el agua. Cuando acabó, lo primero que sentí fue el aire puro y fresco, después vi que estaba en una pradera verde y la cruzaba un riachuelo que acababa en un lago que era de un azul cristalino, tanto que te reflejabas como en un espejo. Se oía el suave murmullo del agua pasar.
No sabía dónde estaba, pero pensé que lo que antes era una ciudad bulliciosa y llena de humo, ahora era un gran frutero lleno de especies de plantas y animales para elegir.
 A lo lejos un pequeño pueblo aparecía de la nada.
 Decidí irme por un camino, más que un camino parecía una senda usada por animales, de lo embarrado que estaba.
Al final, llegue y decidí irme al lugar en el que antes vivían mis padres, pero no los encontré allí. Me acorde en ese momento que mi padre me contaba que antes de conocer a mi madre, vivía en una casíta muy humilde en las afueras del pueblo, y hacia allí me dirigí. Tampoco los encontré.
Tenía que dar con ellos, era importante que fuera antes que pasara algo que pudiera poner en peligro el futuro tal y como yo lo conocía.
La casa estaba en muy malas condiciones y no vivía nadie en ese lugar. Pensé en ir a buscar a mi madre que vivía cerca de una tiendecíta de ultramarinos. Llamé a la puerta y salió a abrir una mujer que reconocí como mi abuela, pero no había rastro de mi madre. Pregunté a quien sería mi abuela por su hija, mi madre, y me contesto que no vivía con ella, pues se había casado con un esquimal y estaban en Egipto de viaje de novios. Me asusté, no solo por las revelaciones de mi abuela, sino por el hecho de notar que mientras me lo contaba, iban desapareciendo mis pies, piernas, manos…, estaba dejando de existir. Espantado, corrí hacia el prado donde había aparecido.
Mientras tanto, medite mi decisión de retroceder al pasado, me di cuenta que se pueden hacer estragos en el tiempo.
Pensé que hay que disfrutar el presente, valorar el futuro y no intentar cambiar el pasado.
 Llegado al punto donde aparecí, accione el mecanismo de la máquina y el proceso se invirtió, tras lo cual decidí destruir la máquina y sus planos.
Salí a encontrarme con mis padres y los abracé con fuerza, como si hiciera años que no los veía.