Iba por esa carretera solitaria, hacia esa parte del país en donde, se rumoreaba, que ocurrían sucesos a los que la gente no encontraba explicación. No estaría en esa situación, si mi tía abuela Petra no me hubiera obligado a ir a buscar un sillón al que tenía mucho cariño y que estaba cerca del valle, en pleno campo. A mí, nunca me ha gustado el campo.Estaba anocheciendo y con la falta de luz empezaban a formarse unos bancos de niebla que me obligaban ir más despacio.
De repente, entré en un espacio en el que la niebla parecía una gran masa de espuma espesa.
Paré el coche, pero no me decidía a bajar, y en eso, escuché unos pasos que se acercaban, me quedé paralizado, y cuando estuve lo bastante cerca del protagonista de los pasos vislumbré la figura de un hombre; perdí la cabeza y me desmayé, así estuve unos diez minutos.
Cuando recuperé la conciencia, vi que estaba frente a la casa de mi tía abuela Petra y el hombre que había visto era mi bisabuelo George de más de cien años, al que a lo largo de su vida le habían ocurrido muchas aventuras, pero esta será otra historia.
De repente, entré en un espacio en el que la niebla parecía una gran masa de espuma espesa.
Paré el coche, pero no me decidía a bajar, y en eso, escuché unos pasos que se acercaban, me quedé paralizado, y cuando estuve lo bastante cerca del protagonista de los pasos vislumbré la figura de un hombre; perdí la cabeza y me desmayé, así estuve unos diez minutos.
Cuando recuperé la conciencia, vi que estaba frente a la casa de mi tía abuela Petra y el hombre que había visto era mi bisabuelo George de más de cien años, al que a lo largo de su vida le habían ocurrido muchas aventuras, pero esta será otra historia.
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